dimarts, 28 d’agost de 2007

El llibre d' Eugenio Rey Huerta



Fa un temps, va contactar amb mi l' Eugenio Rey Huerta buscant il·lustradors que participessin en un projecte molt particular. Es tracta d'un llibre que vol regalar als seus pares pel seu 50è aniversari de casats, on recopila la totes les vivències, experiències i anècdotes del vida en comú, així com tots els fets que els van portar a trobar-se. Em va semblar tant entranyable que al moment li vaig dir que sí.

Si no vaig errat, hi col·laborem 150 il·lustradors, i aquí us deixo la meva contribució. A continuació us poso també el fragment del llibre d'on ha sortit la imatge; forma part del capítol "Los Llorones":

"…Venancio, el hojalatero, montado en su borriquilla, dejaba ya Sayatón. Era la primera vez que visitaba el pueblo y, por el escaso negocio que había hecho, estaba seguro de que sería la última. «Sólo un miserable embudo», pensaba mientras se alejaba meditando en su único encargo de esa mañana. Aquel hombre se le había acercado y...

—Güenas..., me pué vender un embudo.

—Me san acabao —le había informado Venancio que acababa de vender el último en Almonacid.

—Pos me haice el favor de traéme uno pa la próxima vez que venga pacá.

Venancio dudó. No estaba de humor. Aunque las ventas en los pueblos de alrededor no habían sido malas, llevaba todo el día en Sayatón a palo seco. La gente se le acercaba, miraba y requetemiraba la mercancía para, después de tanto mirondio, irse sin comprar ni un triste orinal. Por eso, cuando el paisano, que con su boina calada hasta las cejas, le había hecho el encargo, no se lo podía creer. Para una cosa que le pedían...

—Bueno..., pero tendrá que esperar.

—¿Cómo cuanto?

—Un año... Pa estas fechas.

—Trato hecho —dijo el de la boina calada, al tiempo que escupía en su mano y se la ofrecía a Venancio.

Ahora, mientras el hojalatero se alejaba restregando de vez en cuando su palma derecha sobre el lomo de su borrica, de repente oyó que alguien, detrás de él, gritaba a lo lejos. Al volverse despacio, pudo divisar a un hombre que, desde lo alto de una peña, gritaba como un poseso. De inmediato reconoció al del embudo y volvió a restregar rápidamente su escupitejeada mano sobre la borrica... Al principio, no pudo entender las palabras que el otro le lanzaba a través de la distancia, y a ello colaboró un algo su montura, la cual, desde la aparición del sayatonero, no había cesado de rebuznar. Conocía muy bien a su Chula y sabía que sólo le faltaba hablar de lo lista que era; como que era la más espabilada de toda La Mancha; si lo sabría él que casi la había criado bajo sus pechos; bueno... era un decir. Por eso, aquellos rebuznos más le parecieron a Venancio risotadas asnales que otra cosa. Es más, casi podría asegurar que la burra se estaba tronchando de risa.

Cuando por fin la hizo callar y pudo escuchar las palabras empeñadas que el hombre le gritaba desde su alta peña, comprendió en el acto el motivo de la juerga que se traía su Chula y, de no haber sido por ella, que en ese momento le sujetó con el hocico, se hubiera estampado contra la tierra debido a los espasmos incontrolables que le había provocado lo que el otro gritaba:

—¡¡¡Fulanoooo…. y que el embudooo seaaa huecooooo!!! —había gritado a los tres vientos el de la boina desde lo alto de la piedra Mateo —que así se llamaba la roca que fue testigo de tan famosa advertencia— mientras el único viento que faltaba, transmutado quizás en aliento hilarante, se llevaba a la Chula y a su amo para siempre jamás.

Cuentan que, cuando, muertos de risa, los dos llegaron a Pastrana —que de allí eran—, todavía tuvieron que transcurrir sus buenas cuatro horas para que se detuviera el baile de sus mandíbulas. Sólo un buen trozo de jamón acompañado de un cantero de pan candeal, que ambos compartieron, logró limpiarles las alegres lágrimas de sus mojados rostros; que no todas tiene que correr por el surco de la pena. "

VULL AGRAIR A L'ORIOL ROCA LA SEVA AJUDA A L'HORA DE FER AQUESTA IL·LUSTRACIÓ. LA TÈCNICA QUE HE FET SERVIR ÉS LA QUE TAN AMABLEMENT EM VAS EXPLICAR. MOLTES GRÀCIES

1 comentari:

Eugenio Rey ha dit...

Amigo Roger:
Muchas gracias por las bellas palabras que has dedicado a mi libro en el que, con tanta generosidad y maestría has participado. La ilustración que has creado para él es una auténtica maravilla y está llena de buen humor; preciosa compañera de esa anécdota que en Almonacid y los alrededores se cuenta con una carcajada que sabe a aceituna, miel y alma limpia y clara, como el sol de la Alcarria.
Un fuerte abrazo que espero poder dártelo un día en persona.